Hacia el circo de gredos nos dirigimos un grupo de valientes sin saber muy bien lo que encontraríamos.

Y el circo allí estaba con sus hermanitos y sus piquitos, mucha nieve no había pero sí la suficiente para estrenar botas y crampones, siempre en buena compañía.
Poco antes de subir había que comer un poquitín.
Y así llegamos a la cima del Almanzor por la portilla del crampón. Increiblemente en un día maravilloso nos topamos con pocos compañeros una gran suerte para la primera vez en una cumbre tan emblemática.
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