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viernes, 25 de enero de 2013

Tumblr Sublimus Vertex

Para los que queráis os presento el microblog que he creado en el que, poco a poco, voy subiendo fotos de esas que me gustan. Si os interesa seguid el link.



jueves, 24 de enero de 2013

Fin de año


Desde hace bastante tiempo había oído hablar de las míticas nocheviejas de la Montañera en el Refujio de San Bernardo. Así que decidimos ir allí, sabedores de las complicaciones de ir hacia el sur para un climbing trip. La aventurilla se presentaba interesante. Para empezar el viaje con tres cambios de autobús desde Salamanca hasta Ribadelago. A priori el autobús nos dejaría en el nuevo pero el conductor muy amable nos acercó hasta Ribadelago viejo, aquél que fue arrasado por el agua. Desde allí subimos por la senda de los monjes en un día gris y de cierta lluvia. Llegamos al Refugio con las últimas luces del día y allí nos encontramos con un reducido grupo, pero bueno y disfrutamos de una entrada de año comiendo un buen banquete con sopas de ajo incluidas.

El primero de enero, tocó visita al lago y una buena ruta desde San Martín, el lago, Vigo de Sanabria y volver, todo por caminos tradicionales. Al final del día ya nos quedamos solos en el refugio como buenos montañeses.


La mañana siguiente, la del día dos, fue la de mi cumpleaños y además de ver el amanecer, tocó hacer una buena caminata, desde el refugio hasta la Laguna de Peces y desde allí continuar hasta la Laguna de las Yeguas y más allá, disfrutando de esa nieve que dejó la nochevieja, pero viendo como el calor la derretía ya al final del día.






Una noche más y tocaba despertarse de nuevo al amanecer para recoger todo y emprender el camino de vuelta por la misma senda de los monjes para poder llegar a tiempo y subir al autobús que nos traería de vuelta y esta vez sí el tiempo era espectacular algo que las vacas sabían disfrutar.





domingo, 20 de enero de 2013

Cumple Tejano




Si tenéis la oportunidad, no os perdáis una buena cena en el refugio de la Peña de la Cruz en la sierra bejarana. Aunque sea necesario para ello dejar el coche en mitad de la pista por culpa del hielo y tener que caminar un rato en mitad de la noche para llegar, merece la pena.


Además los entornos de Béjar tienen curiosas sorpresas como el árbol centenario, que dan ganas de treparlo hasta lo más alto de su copa. Además en diciembre todavía se conservan unos bonitos colores.






domingo, 13 de enero de 2013

Oporto IAPS




Septiembre, fue un mes movido, después de una salida de escalada tocaba un viaje a Oporto para formar parte de un congreso y luego la boda de mi hermano. Vamos un buen plan.

Nunca había estado en Oporto y la oportunidad era excelente. El congreso era de la Asociación Internacional para la Filosofía del Deporte. Allí iba a presentar una comunicación con el título Parkour o l'art du déplacement interacciones cuerpo y entorno. Era la primera vez que exponía ante público académico parte de mi investigación sobre esta temática y afortunadamente fue muy bien. el congreso se celebró en la facultad de ciencias del deporte de la Universidad de Oporto y tenían una instalaciones alucinantes, sobretodo su gimnasio.



Pero eso no fue todo, nos llevaron de paseo en barco por Oporto, además de hacer una visita turística y una cata de vinos. 


Me ha gustado la vida de la ciudad y sobretodo encontrar a ese grupo de jóvenes saltadores haciendo las delicias de los que miraban. Para un próximo viaje más desahogado me apunto como reto el darme un buen chapuzón desde el puente de hierro.


Pero eso sí, poder conocer la ciudad por la noche, visitar sus rincones y perderse entre sus calles, eso sí que merece la pena. La ciudad en general da una sensación de prístina suciedad. El carácter de una ciudad de mar con la fuerza de una ciudad monumental, con demasiado que cuidar y mucho por hacer. Pero todo ello lleno de vida. No se me olvidará además la hospitalidad de uno de esos parientes lejanos que una tía tuya te dice de visitar y que te invita a comer un cocido a las 12 del mediodía y con el que aún a las 20 estaba todavía lleno.






 Una de las cosas más curiosas fue encontrarme el domingo con la maratón de la ciudad y ver un gran número de corredores venidos de todas partes disfrutando de un buen día de carrera, algo caluroso eso sí.




Y claro por supuesto también hubo tiempo para saltar explorar este nuevo entorno.



domingo, 30 de diciembre de 2012

6/6 Barcelona


La última parada en el camino, antes de regresar a Salamanca, fue Barcelona, para llegar allí desde Carcassone, continuamos optando por el covoiturage y volvió a salir bien, viajamos con una madre y su hija que tenían que coger un avión desde el Prat. El viaje fue tranquilo, de hecho gran parte lo pasé dormido, pero eso sí al atravesar la frontera pudimos comprobar el horror del fuego, la huella del desastre, del incendio del pasado verano en los bosques catalanes, ni tan siquiera el cortafuegos improvisado de las autopistas pudo detener el avance de las llamas y hasta donde se perdía la vista, por mucho kilómetros todo estaba calcinado. 


Al llegar a Barcelona tocaba buscar alojamiento y optamos de nuevo por un camping, la verdad, fue una gran idea. En esta ocasión se trató de un camping bien comunicado con autobús, era el camping 3 estrellas un nombre autorreferente a su categoría. Tenía  bastantes equipamientos e incluso salida directa al mar, cosa que aprovechamos por la mañana antes de empezar la jornada. Al camping llegamos de noche ataviados con nuestras mochilas y bastones y claro con una pinta así el recepcionista nos recibió con un: "hello! two people and a tent?" y bueno esa sería un poco la tónica por allí, parece que un poco guiris sí que parecemos —de hecho no fue ninguna sorpresa, ya me ha ocurrido.


En Barcelona había mucho que ver y aunque teníamos un mapa para no perdernos, seguimos un poco el instinto, teniendo claro cosas que nos apetecían, como la Barcelona de Gaudí o Montjuic y la Villa Olímpica. Allí pudimos ver un espectáculo, primero de gente, cientos y cientos de personas renuidas, sentadas. Nosotros no sabíamos que es lo que pasaba y aunque teníamos un poco de prisa, por eso de no perder el bus al final nos paramos un momento y vimos un espectáculo de agua bastante potente, ¡qué derroche de agua!


La Sagrada Familia fue una de las primeras paradas y aunque dudamos si entrar o no entrar, la verdad es que aunque se paga un gran precio, merece la pena ver tal maravilla arquitectónica. Seguimos la ruta hacia el parque Guell donde nos perdimos entre su vegetación natural y arquitectónica, allí incluso conocimos a buen artista. 


Y como las ganas de caminar parece que nunca se terminan, caminamos y caminamos y no dejamos de ver cosas. Incluso por la noche después de cenar tocaba pasear por la playa entre pescadores y sus presas.

Incluso un bastón pudimos encontrar y aunque ese bastón se utilizará para las salidas de escalada, digamos que fue lo más relacionado con esa disciplina que hicimos, tocaba hacer turismo y lo hicimos más que bien.


 Porque claro en una ciudad así, con tanto que ofrecer no cabe otra cosa que mirar a sus bóvedas y abrir la boca atónitos ante tan magna arquitectura.


De Barcelona nos despedimos por la noche saliendo con el autobús y aunque ahora los recuerdos son confusos y todo parece que sucedió en un mismo y largo día, esos recuerdos son buenos y vibrantes. El autobús nocturno nos dejó de buena mañana en Madrid y desde allí sólo quedaba un paso. Y en definitiva merece la pena un viaje de este tipo, tomando con la pausa necesaria y disfrutando de los buenos momentos sin la celeridad y el ansía de llegar en seguida a un destino, simplemente viajando.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Rayos y centellas 5/6 Carcassone


Salimos de Montpellier y nos dirigimos hacia Carcassone, quien nos hubiera dicho que después de un año de haber visto aquel pueblecito medieval desde la autopista por fin podríamos explorarlo. Para llegar allí optamos por un medio muy común en Francia el covoiturage. Una fantástica idea, a través de un portal en internet gente que tiene pensado viajar a diferentes lugares da a conocer su ruta para que otros que no tienen coche viajen con ellos compartiendo el gasto de gasolina. Digamos que es un auto stop organizado, y al verdad funciona bastante bien.

Llegamos a Carcassone y nos encontramos con el típico pueblo joyero, todo por y para los turistas que claro acudían en masa. Para empezar ya tuvimos una aventura extramuros hasta que conseguimos dar con el camping en el que dormiríamos, camping que incluso tenía piscina y de  la que nos aprovechamos para dejar atrás el cansancio del viaje.


En el pueblo dimos mil vueltas conociendo sus recovecos y vimos como el día se iba oscureciendo y las primeras gotas caían, pero parecía que allí se quedaría todo. Nada podía hacernos pensar aquello que se desataría por la noche y es que una gran tormenta cayó, una tormenta magnifica que al menos nos proporcionó la posibilidad de hacer alguna foto interesante.


Además de una aventura de asalto al castillo en busca de un lugar en el que refugiarnos. Pero lo más curioso es que se trataba de una tormenta anunciada, solo que no supimos leer las pistas, vimos que se estaba preparando un concierto y la tormenta coincidió exactamente con él, una vez terminó cesaron los truenos y claro no podía ser menos cuando se trataba de un concierto de Lmfao, todo un despropósito que Zeus supo castigar.


Al menos descubrimos que la tienda aguanta bien la lluvia y bueno conocimos un bonito lugar, pero, demasiado masificado, aunque recomiendo parar para conocerlo.



Montpellier 4/6


Nos tuvimos que marchar de Chamonix, pero no por ello nos despedíamos de viajar aún quedaba un largo trayecto y es que no todo es coger un avión y aparecer en otro país o en otro continente casi como se te hubieras teletransportado. En este caso el destino elegido fue Montpellier, una de esas ciudades que tienen carácter propio y sobretodo mucha historia, se ve en su plano, se ve en sus edificios y en sus casas. Llegamos de noche, una de esas calurosas noches de verano, de esas que ya no quedan y una bruma, casi una neblina cubría el entorno. 


Una neblina que parecía que lo ponía todo del revés, pero claro al siguiente día comprendí que esas bicis colgantes atravesando muros y suelos se encontraban en muchos sitios de la ciudad. Me daba la impresión que era una ciudad abocada a las artes, no sé, se veía en las improvisadas decoraciones de la ciudad.


En algunos de los murales, en los que si querías te podías detener a posar delante del fotógrafo y formar parte de él. Esos trompe l'oeil  que gustan tanto por Francia y que además de cubrir aburridos muros les confieren una cierta profundidad espacial y también especial. 


Si por ser artísticos, incluso los helados lo son y te los ofrecen con forma de flor, pero claro, eso creo que era debido al local donde lo compramos, eso sí estaba muy bueno y con el calor que hacía tardamos poco en devorarlo y degustarlo.



Incluso encontramos unos fantasmas en la puerta de la catedral y parecía que querían salir en las fotos así que ya puestos porque no dejarles.





Pero lo mejor estaba en los sus parques para niños, tenían de todo, y cosas originales como un altavoz gigante que también servía para colgarse. En ese lugar además surgió la anécdota de la jornada, allí nos encontramos con un hombre que decía ser de Salamanca, y nos hablaba de ella extrañándola pero asegurando que pronto volvería. Fue extraño porque además de contarnos su periplo de vida dijo que ese día teníamos que jugar la lotería porque nos tocaría. Después de hablar con él encontramos un lugar donde se hacían apuestas y probamos suerte, no ganamos millones, en realidad nada, pero sí que nos tocó, aunque para recibir el premio, que no era muy alto, debíamos volver a Francia para poder cobrarlo; lamentablemente ese billete se perdió, pero el hombre no se equivocaba nos iba a tocar la lotería.

En fin, que Montpellier es un lugar tranquilo para disfrutar de una buena vida mediterránea, eso sí la renovación urbanística que vi, debería ser revisada, pero si a ellos les gustan los edificios mastodónticos de tipo faraónico bien por ellos.

Tralarí que te vi 3/6 Chamonix


 Parecía que el momento nunca llegaría. Ya habíamos intentado visitar este lugar en otras ocasiones, pero por fin, se produjo su encuentro y no decepcionó para nada. Era la última parada antes de emprender el camino de regreso y se trataba de una aventura esperada. Chamonix, La vista del Mont Blanc desde el valle con el glaciar de los Bossons como si nos estuviera sacando la lengua.


El viaje hasta allí lo hicimos en tren y nada más llegar fuimos en busca del camping para establecer el campamento y la tienda, tuvimos suerte y encontramos un camping casi en el propio pueblo y además nos dieron una tarjeta para poder usar las navettes en todo el valle –digamos que lo tienen bien montado. El camping era pequeño pero además se gozaba de unas buenas vistas por la mañana. Cuando montamos la tienda era por la tarde y aún quedaba día así que decidimos coger la cuerda e ir a escalar a los Gaillands.

Eso sí se puede decir que era una Escuela de escalada, escuela en el sentido del grado fácil y de la comodidades que allí se dan. Fuimos en una navette pensando que estaba más lejos, pero para nada se encuentra muy cerca del pueblo y allí disfrutamos de unas vías fáciles de escalada, además eran de largos una buena para desperezar el cuerpo después de un viaje en tren.




El pueblo es una maravilla, toda una apología a la montaña allá donde mires: el mural de los guías, el telescopio que apunta directo y certero al Mont Blanc, la maison des guides, las mil y una tiendas, la decoración de las casas. Pero claro no podía ser de otra manera estábamos en Chamonix. Eso sí no habíamos ido allí para ver el pueblo y como teníamos de patear eso fue lo que hicimos.



El camino de acceso a la Mer du Glace se hace a través de un bosque inmenso y tranquilo, los hay quienes optan por ir en tren los que no preferimos caminar salimos desde una zona de esquí, pistas que terminan directamente en el pueblo, al lado del cementerio donde tantas personalidades descansan. Tras un rato de pateo se llega a una zona un tanto preparada, con refugio, bueno digamos con hotel, pero claro allí deja el tren a los turistas y hay que adaptar las cosas para ellos, de aquella zona destacaría solamente una hendidura en la roca que a modo de pasillo alberga en su interior una pequeña colección de geodas, el resto tiene demasiado hormigón, así que había que moverse y tomamos el camino que llevaba a los refugios de montaña, el camino que nos llevaba al glaciar y tras descender a través de una secuencia de peldaños incrustados en la roca y escaleras hacia el abismo llegamos al pie de la mer du glace  y se veía un hielo azul como nunca había visto y una capa de piedra y tierra que cubría los primeros metros de hielo. Es un paraje especial al que espero poder volver pronto.


Después de conocerlo por encima, y tras volver a esa zona más turística, bajamos unas largas escaleras, por una senda que además hacía de testigo silencioso de como el glaciar está retrocediendo, sucediéndose con mayor frecuencia las placas indicativas del lugar en el que se encontraba el glaciar a medida que avanzan los años. En lo más hondo pudimos explorar una cueva de hielo, construida para ser visitada fue bonita, pero sobretodo impactante ese retroceso en el hielo.



Teníamos los días bastante contados, así que la siguiente opción fue ir a Argentiere para así poder subir hasta los Grandes Montets, la otra opción era subir hasta la Aguille du Midi, pero el día no era muy bueno y además el teleférico de los Montets era mucho más barato. Cuando llegamos a la taquilla para comprar el ticket, la empleada muy amablemente nos atendió y nos dijo los horarios y ya que calculamos que teníamos tiempo, en lugar de coger el teleférico desde el mismo valle decidimos subir caminando hasta la primera parada donde se cambia de teleférico y así comenzamos a caminar, el día era algo más frío, se notaba que estaba entrando un frente de nubes, pero fue una buena jornada. Llegamos al lugar indicado incluso antes de que subiera la empleada y comimos algo luego ya solo tuvimos que comprar el tícket y fuimos para arriba, pudimos ver incluso marmotas.


En la plataforma habilitada en los Grands Montets nos encontramos con un mar de nubes que prácticamente nada dejaba ver, pero aún así, estuvimos un buen rato disfrutando de aquella tranquilidad, un par de pájaros un grupo que parecía que hacía un curso de técnicas de alpinismo y dos o tres personas más éramos los que allí estábamos y la verdad se estaba muy bien.


 En fin el paso por Chamonix, es digno de recordar y sobretodo, sabiendo que ha sido la primera vez de lo que espero sea un buen puñado de veces y como ya Saussure o Paccard miraban desde el valle aquellas agujas y cumbres habrá que ir poco a poco descubriéndolas, porque aunque existan mil fotos y mil relatos solo la experiencia propia proporcionará ese conocimiento especial que trae la montaña.