viernes, 28 de diciembre de 2012

Montpellier 4/6


Nos tuvimos que marchar de Chamonix, pero no por ello nos despedíamos de viajar aún quedaba un largo trayecto y es que no todo es coger un avión y aparecer en otro país o en otro continente casi como se te hubieras teletransportado. En este caso el destino elegido fue Montpellier, una de esas ciudades que tienen carácter propio y sobretodo mucha historia, se ve en su plano, se ve en sus edificios y en sus casas. Llegamos de noche, una de esas calurosas noches de verano, de esas que ya no quedan y una bruma, casi una neblina cubría el entorno. 


Una neblina que parecía que lo ponía todo del revés, pero claro al siguiente día comprendí que esas bicis colgantes atravesando muros y suelos se encontraban en muchos sitios de la ciudad. Me daba la impresión que era una ciudad abocada a las artes, no sé, se veía en las improvisadas decoraciones de la ciudad.


En algunos de los murales, en los que si querías te podías detener a posar delante del fotógrafo y formar parte de él. Esos trompe l'oeil  que gustan tanto por Francia y que además de cubrir aburridos muros les confieren una cierta profundidad espacial y también especial. 


Si por ser artísticos, incluso los helados lo son y te los ofrecen con forma de flor, pero claro, eso creo que era debido al local donde lo compramos, eso sí estaba muy bueno y con el calor que hacía tardamos poco en devorarlo y degustarlo.



Incluso encontramos unos fantasmas en la puerta de la catedral y parecía que querían salir en las fotos así que ya puestos porque no dejarles.





Pero lo mejor estaba en los sus parques para niños, tenían de todo, y cosas originales como un altavoz gigante que también servía para colgarse. En ese lugar además surgió la anécdota de la jornada, allí nos encontramos con un hombre que decía ser de Salamanca, y nos hablaba de ella extrañándola pero asegurando que pronto volvería. Fue extraño porque además de contarnos su periplo de vida dijo que ese día teníamos que jugar la lotería porque nos tocaría. Después de hablar con él encontramos un lugar donde se hacían apuestas y probamos suerte, no ganamos millones, en realidad nada, pero sí que nos tocó, aunque para recibir el premio, que no era muy alto, debíamos volver a Francia para poder cobrarlo; lamentablemente ese billete se perdió, pero el hombre no se equivocaba nos iba a tocar la lotería.

En fin, que Montpellier es un lugar tranquilo para disfrutar de una buena vida mediterránea, eso sí la renovación urbanística que vi, debería ser revisada, pero si a ellos les gustan los edificios mastodónticos de tipo faraónico bien por ellos.

No hay comentarios: